El sábado por la noche me decidí a seguir los consejos de la bruja del valle para acabar con mis virus externos (para los internos…me temo que no existan más conjuros que mi fuerza de voluntad y mi coraje en la lucha diaria).
Desempolvé mi disfraz de hechicera, acomodé una marmita llena de vino junto al fuego, mientras se evaporaba el alcohol recité mantras, jaculatorias y una gran variedad de invocaciones: al olvido, a la fuerza, a la paciencia, al humor, a la constancia, al entendimiento, a la ilusión….a variedad de sentimientos y pensamientos que un día me dieron la espalda y decidieron ignorarme. Y entre una perorata y otra…un estornudo, un silencio que me contesta Jesús, y yo que me callo y descortésmente retengo un Gracias que no pronuncio. Los ojos me lloran mientras al vino le añado un chorrito de coñac. Ese brebaje calentito…dos aspirinas…y a la cama.
He sudado, he soñado, he fantaseado, he inventado. El pasado más amargo se entremezclaba con el futuro más imposible….los he palpado a ambos como una realidad tremendamente cercana. Sueños esperpénticos, surrealistas, sudores fríos alternando con momentos de puro fuego…en mi interior el Capitán Leo lucha contra hordas de extrañas partículas con espíritu invasor, con ganas de conquista. La batalla es encarnizada, pero el capitán no está sólo, dispone de un ejército perfectamente entrenado para este tipo de batallas, sabe que se producirán algunas bajas en sus filas, pero que el enemigo tarde o temprano caerá rendido o huirá despavorido.
Despertar tardío, horas de sueño y delirio donde ayer sólo hubo insomnio. Mucosidad en retirada, respirar mejor. Música de fondo, sofá, mantita y una buena conversación. Amigas reencontradas que me presentan a nuevos contactos. Conversaciones de ayer que hoy no me obnubilan, que controlo sólo porque les doto de la distancia apropiada.
Si, definitivamente el Capitán Leo está ganando la batalla gracias a la incondicional ayuda del consejo de la bruja del valle.
Ay…si eliminar los virus internos fuese tan fácil!!!