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Terra
La Coctelera

Categoría: Relatos ferroviarios

Mamá...yo seré tu hombre (92) PARA TRINI; COMO NO, CON MILADY DE POR MEDIO

La madre acompañó a su pequeño hasta el punto de encuentro. El niño asía la mano de su madre con más fuerza a medida que se acercaban.

- Mamá, porqué tengo que ir con papá?
- Cielo es tu padre…él tiene ganas de verte y es muy lógico que tú también tengas ganas de verlo a él.
- No estoy seguro de eso, mamá…a mi me gustaría quedarme aquí contigo.
- Cariño ya lo hemos hablado muchas veces…debes ir…es tu padre. Él te quiere mucho.
- Si…puede que a mi me quiera...pero a ti no.
- Mi vida, ya sabes que lo que nos sucedió no tiene nada que ver contigo. A nosotros se nos acabó el amor...pero el que nosotros sentimos por ti...ése no se acabará nunca.
- Es que no tengo ganas de estar con Teresa!!!
- Cielito, papá quiere mucho a Teresa…es muy lógico que quiera estar con ella y contigo.

El niño calla y mira a su madre, es guapa, muy guapa, pero tiene un semblante muy triste. Ahora ya no llora como lo hacía antes pero en sus ojos se refleja el sufrimiento pasado. Recuerda cuando por las noches después de darle el beso de buenas noches y de creer que se había dormido se derrumbaba en puro llanto. Él no dormía...vigilaba a su madre en secreto mientras ella esperaba horas y horas a un hombre que no llegaba.
Y sí, odiaba a ese hombre que le hizo sufrir tanto, que le hizo creer que la quería mientras se estaba enamorando de otra, que fue un cobarde, que era capaz de reír y de ser feliz mientras su madre se consumía en silencio día a día.
Pero también era su padre, y le quería...y tenía ganas de verlo y cada vez que su padre le abrazaba él tenía la sensación de que nada malo iba a pasarle...de que estaría protegido para siempre. Necesitaba los abrazos de su padre más de lo que a él le gustaba admitir...y sí, tenía ganas de verlo.

Si se le hacía cuesta arriba este viaje es porque su madre no iría…no podía, era imposible sólo hacía dos meses desde que sus padres se separaron y ella ya tenía bastante con asumir que el hombre de su vida la dejó para irse a vivir con otra mujer a la que abrazaba y hacía el amor mientras ella lloraba su ausencia.
Por eso y porque no quería estar con Teresa...la odiaba. Ante los ojos de un niño de 12 años, ella aparecía como la culpable de todo. Por ella su madre perdió el brillo de sus ojos…por ella sus padres ya no bailaban al son de la luna llena…por ella su padre dejó de venir muchas noches…por ella él ya no tenía su familia…esa familia que le cobijaba y le dotaba de completa seguridad…y todo por ella, por la otra.

- Vale...pero no pienso darle ningún beso a Teresa…y no quiero que ella me bese tampoco.
- Cariño…
- Mamá, en serio, no pienso besarla.
- Al menos no seas desagradable…respétala y ella te respetará.
- Lo haré, pero sin besos.
- Habla con tu padre…no lo pongas entre la espada y la pared.

- Mamá…tú aún le quieres?
- Cariño...eso ya no importa…ya todo se acabó…papá tiene una nueva vida
- Mamá te quiero…yo seré tu hombre
- Mi vida...siempre has sido mi hombre.
- Te echaré de menos
- Cielito...sólo será una semana…y te llamaré cada noche al móvil.

Madre e hijo llegan al Punto de Control donde una azafata se hará cargo del niño durante todo el viaje y hasta que su padre lo venga a buscar en el lugar de destino.

- Cuando llegues me haces una perdida al móvil y te llamo, vale?
- Te quiero, mamá
- Te quiero cariño, relájate y pásalo muy bien.

Un gran abrazo, muchos besos...una separación que no desean ninguno de los dos…el niño llora abiertamente…la madre contiene sus lágrimas…es muy duro. Hace dos meses se separó del mayor amor de su vida para entregárselo a otra…y ahora sentía que también le estaba entregando su mayor tesoro. Realmente aquella mujer le había despojado de todo lo que verdaderamente le había importado en la vida.

Las puertas del tren se cierran y ellas libera las lágrimas que ha estado conteniendo con tanto esfuerzo. Cree morirse cuando el tren empieza a moverse…se lleva a su niño…a su vida.

Te quiero cariño....nunca te olvidaré

Caminaban despacio, tal vez en un vano intento de saborear los últimos instantes. Su conversación estaba llena de silencios, las dos eludían hablar de lo que les preocupaba, de lo que en estos momentos sentían, del pensamiento que ocupaba por completo su mente.
- Ayer lo pasamos bien con Gerardo, verdad?
- Si, tiene unos amigos geniales.
- ………………………………………………………….
- Oye, y la película que alquilaron también me gustó
- Bueno, no es de mi estilo…pero la verdad es que no estuvo mal
- ………………………………………………………….
Ninguna miraba a los ojos de la otra, sabían que si lo hacían no tendrían la suficiente entereza para dominar sus sentimientos, sabían que en el mismo momento en que sus miradas se cruzasen sentirían desmoronar todo su aplomo...en ese mismo instante.
- Te pesa la maleta, ¿quieres que te la lleve un rato?
- No, no pesa tanto…además ya llegamos
- Si….ya llegamos
Silvia había pronunciado estas últimas palabras con voz callada y temblorosa.

Carolina, la mujer con la que compartía su vida desde los últimos 8 meses estaba delante de ella, de pie, sin decir nada y expresándolo todo con la mirada…una mirada que intentaba evitar pero que sentía que le absorbía irremediablemente.
- Verás como 6 meses pasan pronto.
- Sí, además nos veremos cada 15 días…los fines de semana
- Si tonta, verás como nos acostumbramos….es lo mejor para tu carrera. Yo dentro de dos semanas voy a verte…y tú vendrás a final de mes. No será fácil pero tampoco imposible.
- Te das cuenta que es la primera vez que nos separamos? Te echaré tanto de menos!!!
- Carolina…puedo darte un beso?
- Cariño, sabes que en público no. Respeto mucho a mis padres…no quiero darles un disgusto. Sólo Gerardo, nuestro compañero de piso, sabe de nuestra condición sexual…debemos ser discretas.
- Cielo…no es ni el momento ni el lugar...pero sabes lo que pienso. No hacemos nada malo. Nos amamos. No es falta de respeto, en absoluto. Tienes que pensar en decírselo a tu familia…debes ser consecuente con tu forma de vivir y de pensar. Es lo mejor para todos.
- Silvia… ahora no, por favor.
- Tranquila…ya sé que es una decisión que sólo tú debes tomar. No lo comparto…pero lo respeto, porque te quiero.
- Mira, aquí está el billete… el tren ya está anunciado…quedan 5 minutos para la salida.
- Tranquila…sólo debo bajar las escaleras. Todavía puedo estar 1 ó 2 minutos contigo.

Y mientras Carolina recoge el billete, Silvia acaricia su mano con las yemas de sus dedos…las dos se estremecen…los ojos de ambas están acuosos, son tantos los sentimientos contenidos, están tan escondidos, sentimientos a los que sólo les está permitido expresarse dentro de sus cuatro paredes...que son cuatro paredes mágicas donde frases como “te quiero� son moneda de cambio de uso más que común.
- Venga que ya me voy
- Cuídate mucho.
- Te echaré tanto de menos.

Dos tiernos besos en la mejilla, tan delicados, tan a “fuego lento�…es la despedida, es el último instante…dos miradas concurrentes, un segundo…una determinación que desfallece...dos labios que se atraen…un amor que no muere. Un beso largo, pausado, conteniendo todos los sentimientos jamás expresados fuera de su dorada jaula. 30 segundos intensos llenos de amor que alimentarán sus seis próximos y eternos meses.

Carolina mira alrededor suyo un poco azorada…nadie parece haberlas visto…la azafata que está muy próxima a ellas ha desviado su mirada…se ha sentido intrusa dentro de una historia demasiado personal para ser observada.
Se despiden entre susurros y lágrimas contenidas.
- Te quiero Silvia
- Carolina, te amo…nunca te olvidaré.
- Venga, vida...por megafonía dicen que la salida es inmediata.
- Adiós cariño.

Carolina apenas puede ver las escaleras que ya ha empezado a bajar…las lágrimas se lo impiden…está destrozada. Le costó mucho tomar esta decisión…pero sabía que era lo mejor para su carrera profesional…y Silvia le animó muchísimo a ello. Intentaba no pensar...o pensar que 6 meses pasan rápido...o que se verían dos fines de semana al mes…pero realmente no podía…tan sólo podía pensar que ésa era su despedida.

A Silvia le esperaba Gerardo, que se había mantenido alejado discretamente permitiendo que sus dos amigas gozaran de sus últimos momentos de intimidad. Le ofreció su hombro y ella se derrumbó en puro llanto. Él estaba allí para consolarla, estaba ahora y…lo estaría siempre…aunque sólo fuese como amigo con el que compartía el alquiler del piso.