Estoy sentada aquí, delante del ordenador....intentando centrarme en un plan de empresa que últimamente me dice más bien poco.
Una llamada inesperada me ha descubierto que no tengo voz, que estoy afónica. No es raro, estoy pasando una gripe que no me saco de encima desde hace ya una semana...lo extraño ha sido que no me haya dado cuenta hasta ahora. Bien pensado ¿por qué habría de haberlo sabido? ¿con quién he hablado estos últimos días?
Un día una amiga me preguntó: "¿a ti el telefóno te suena mucho?" no me desconcertó la pregunta, lo hizo la aceptación del hecho de tener que admitir que no: que a mi el telefóno si me suena.... lo hace inesperadamente.
Este hecho no me entristece en demasía, sólo lo justo...me estoy aconstumbrando a la compañía (ya casi inseparable) de tristeza, soledad y otras tantas con las que no necesito hablar...sólo sentirlas.

Sé muy bien que la fuerza para salir de todo esto está dentro de mi, que el mundo no se moverá por mi si yo no lo muevo, que no puedo dar lo que yo no tengo y que, por tanto, debo empezar por quererme a mi misma....me sé muy bien la teoría.
Fallo en la práctica...como siempre.