Principios de abril del año pasado, domingo, había invitado a comer a mi familia: mi hijo, mi hermana, mi hermano, su hijo y su mujer.

En seguida se me planteó un dilema: invito a mi ex¿? Me gustaba estar a su lado, lo echaba de menos, pero me partía el alma verlo tan feliz, como si le hubiese tocado la lotería mientras yo apenas levantaba cabeza.
Pero sí, me apetecía verlo, estar con él al menos por unas horas y rodeado de gente. Sería fácil, siempre he tenido facilidad para huir de la realidad, vivir en mi propio mundo, mi fantasía, pensaría que todavía seguíamos siendo la familia que nunca fuimos y que yo siempre imaginé.
No podía venir a la comida, ahora ya no recuerdo la excusa que me dio, pero sí lo que sentí al sentirme rechazada una vez más…..ahora ya no tenía importancia, llevábamos 4 meses separados, ahora ya su desprecio ya no debería importarme. Tal vez fue que vio la desilusión en mi rostro, tal vez fue que le apetecía estar con nuestro hijo, tal vez que deseaba ver a su sobrino una vez más, el caso es que me dijo que vendría a tomar café.
Recuerdo que estuve nerviosa todo el día.
Era la primera comida que preparaba en mi nueva casa. Como me separé a mediados de Diciembre me vi incapaz de invitar a nadie en Navidades. Mucha gente, mucho ruido, mucha faena…..y yo con pocas ganas…pero era algo que debía hacer, o por lo menos en su momento así lo creí.
Durante la comida estuve más pendiente del horno, de las bebidas, de que todo estuviese en su punto, más que de comer….apenas probé bocado, pero ni yo misma me di cuenta de ello hasta mucho más tarde.

Cuando abrí la puerta y lo vi allá, delante de mi, sentí deseos de abrazarlo, de besarlo, de decirle que mi vida no tenía sentido sino era a su lado, que no importaba que él no me quisiera, que mi amor era suficiente para los dos, que……
pero no dije nada, me mostré fría y distante y en la mesa me senté en una posición alejada a la suya.

Pasó la tarde, yo con mis pensamientos, le miraba las manos y deseaba tomarlas entre las mías, miraba su cuello y deseaba abrazarlo. Sin embargo mi actitud no demostraba en absoluto mis pensamientos….me mostraba distante, fría, como si nada me importase e iba continuamente a la cocina para relajarme y volver con fuerzas renovadas.

Una llamada al móvil de mi hermano me devolvió a la realidad: tenían que irse, habían quedado con su suegro…mi hermana también se fue.

“Papá quédate un rato más y luego nos vamos los dos a casa� fueron las palabras de mi hijo. Mi ex me mira interrogante, no sabe que hacer, quisiera marcharse, pero el niño tenía razón…era inútil marcharse ahora para venir a recogerlo más tarde. Hice lo imposible para que no se notara mi lucha interior…le hubiese gritado, le hubiese suplicado que no se fuera...pero que no se fuera NUNCA, que formase parte de mi vida, que me dejase formar parte de la suya…
pero nada dije, me fui de nuevo a la cocina. Se quedó un rato, vimos unos videos juntos los tres,….que fácil era cerrar los ojos y pensar que nada había pasado, que estos 4 meses horrorosos no habían sucedido nunca. Llegó la hora de marchar…más pronto de lo normal, pero él ya se había sacrificado bastante. Un triste beso en la mejilla….ya nos veremos.
Rompí en llanto cuando se marcharon, aquello era más de lo que podía soportar….el sofá, mi querido sofá, me acogió amorosamente mientras me deshacía en llantos. Eran más de las once de la noche cuando me decidí recoger por encima la casa y preparar las cosas para ir a trabajar al día siguiente. El trabajo, esta era otra….hacía más de un año que cada mes prescindían de los servicios de al menos 3 personas. Ir al trabajo era como ir al matadero y jugar a la ruleta rusa. Como un zombi me metí en la cama, una cama con la que siempre tuve una relación de amor-odio con ella, continuamente me recordaba mi soledad y yo le correspondía con mi rechazo y siéndole infiel con el sofá, mi querido sofá, a la menor ocasión.
En la cama continúe llorando, había sido un día largo, duro y haber estado rodeado de tanta gente no hacía más que remarcar mi soledad, esa con la que me veía obligada a convivir aunque yo odiase su compañía.
Eran las 4 de la mañana….algo no iba bien, no supe que era, solo que algo no iba bien….me decidí: iría al lavabo, me lavaría las manos y la cara…el agua fresca siempre ayuda.
Entonces, supe lo que pasaba….no podía moverme. Toda la parte izquierda de mi cuerpo paralizada….miedo, pánico. Qué me estaba pasando? Lo intentaba pero ni un dedo, ni un leve movimiento por minúsculo que fuese. Parálisis? Daño cerebral? Intenté mover la lengua…nada, ni un movimiento…ni los labios, ni la lengua….llorar, eso si podía hacerlo….poca cosa más. Las horas fueron eternas, densas, con mis lágrimas como única compañía, sin poder moverme y sin poder pedir ayuda a nadie. No sé cuanto tiempo pasó, mi cerebro afortunadamente funcionaba y no sé en que momento me dijo que debía calmarme, debía dejar de llorar, que lo peor que podía pasarme no era tan malo. Si esto era el final…tampoco era tan malo, significaba el final de mi sufrimiento.
En algún momento me calmé….en algún momento conseguí balbucear algo que se asemejaba a una petición de ayuda….volverme del lado que sí podía mover y coger el teléfono fue toda una odisea. Podría haber llamado a mi hermana, podría haber llamado a mi hermano, incluso podría haber llamado a mi padre…pero no, lo llamé a él, lo necesitaba, si alguien podría ayudarme en estos momentos de angustia era él. No supo que le decía por teléfono, pero si supo que algo pasaba y nada más verme se dio cuenta de la situación.
Tengo que admitir que se portó bien, llamó al médico y se quedó hasta que vino a visitarme a mi casa: no era parálisis, afortunadamente. Era un ataque de ansiedad, debía tomarme las cosas con calma, aceptar la ayuda de un especialista y coger la baja.
La baja…..acababa de adjudicarme todas las papeletas para la ruleta rusa…cuando oí aquellas palabras balbuceé algo ininteligible que denotaba claramente mi negativa. Pero era tarde ya…..era lo que tenía que hacer y la prioridad ahora era recuperar la salud. Él se encargó de llamar al trabajo y explicarles que no iría en algunas semanas….

Un tierno beso en la mejilla, un “espero que te mejores�…y una puerta que se cierra….unas lágrimas que caen por un rostro que no puede hablar y por un cuerpo que no puede moverse.