Érase unos ojos a un ordenador pegados, érase salva sea la parte a una silla enganchado…y ya totalmente cuadrado.

Pues sí, realmente así es como me siento. Llevo desde el Jueves pasado sentada delante del ordenador día y noche (el insomnio cada día va a peor) trabajando en un proyecto que presento el próximo jueves (lo dicho, un día me pongo seriamente a estudiar la tendencia natural que tienen los sucesos importantes a ubicarse en jueves en mi agenda).
No lo llevo mal. Es sólo que no me acaba de encajar…mucho tiempo invertido, muchos detalles por cuadrar. Pero lo cierto es que me gusta, me apasiona y “cierta vidilla� si me da.
Antes por mi trabajo me pasaba más de 10 horas delante del ordenador y a veces llegaba a casa y si me pedían que les ayudase en tal o cual problema…me volvía a sentar delante del ordenador. No me importaba, me apasionaba y lo hacía de buena gana.
Ahora, la verdad, es que aunque esté trabajando en algo que me guste, no puedo evitar que mis ojos se resientan, ya sólo siento mi cuello hacer “crac crac crac� al moverse de un lado al otro, por no hablar de dónde la espalda pierde su casto nombre…�eso� ya cuadrado se quedó “pa los restos�…ya no sé si duele…o ya no es más que un anexo.

Este fin de semana he estado con mi hijo. La verdad es que ha sido genial. En mi casa tengo una habitación dedicada totalmente a mis libros (fue un pequeño homenaje…un sueño pendiente de cumplir durante mucho tiempo) donde ubico el ordenador y un pequeño sofá. Hemos trasladado la “sala de operaciones� a esta habitación. Se trajo su tele pequeñita y él desde el sofá, jugando a la PlayStation o trasteando en su portátil, yo en el ordenador, con la música (clásica...que es lo único que me aísla cuando necesito concentrarme…Ravel ha sido mi compañero más fiel) y cuando veía que levantaba la cabeza o cambiaba la página…una frase, unas risas…o simplemente un “mama mira� para enseñarme sus proezas con la Play, o el último vídeo conseguido de snowboard, que es lo que realmente le apasiona.
Esos momentos son inigualables...no tienen precio. No hemos tenido mucho tiempo para hablar de “nuestras cosas�, ni él ha tenido muchas ganas…pero me he sentido unida a él, he sentido que aunque estuviese trabajando en lo mío, disfrutaba de su compañía.
Tampoco he estado desconectada del todo….que el sistema me avisaba cuando comentabais en La Coctelera y en cuanto un poquito de tiempo podía arañar…allá que iba a “cotillear�. Es una “ventanita al mundo� que no quiero cerrar porque por ella me encanta mirar!!
“En resumiendo� que me he sentido secuestrada por un ordenador…pero aún así he estado en buena compañía: la de mi hijo…y la vuestra.