La madre acompañó a su pequeño hasta el punto de encuentro. El niño asía la mano de su madre con más fuerza a medida que se acercaban.

- Mamá, porqué tengo que ir con papá?
- Cielo es tu padre…él tiene ganas de verte y es muy lógico que tú también tengas ganas de verlo a él.
- No estoy seguro de eso, mamá…a mi me gustaría quedarme aquí contigo.
- Cariño ya lo hemos hablado muchas veces…debes ir…es tu padre. Él te quiere mucho.
- Si…puede que a mi me quiera...pero a ti no.
- Mi vida, ya sabes que lo que nos sucedió no tiene nada que ver contigo. A nosotros se nos acabó el amor...pero el que nosotros sentimos por ti...ése no se acabará nunca.
- Es que no tengo ganas de estar con Teresa!!!
- Cielito, papá quiere mucho a Teresa…es muy lógico que quiera estar con ella y contigo.

El niño calla y mira a su madre, es guapa, muy guapa, pero tiene un semblante muy triste. Ahora ya no llora como lo hacía antes pero en sus ojos se refleja el sufrimiento pasado. Recuerda cuando por las noches después de darle el beso de buenas noches y de creer que se había dormido se derrumbaba en puro llanto. Él no dormía...vigilaba a su madre en secreto mientras ella esperaba horas y horas a un hombre que no llegaba.
Y sí, odiaba a ese hombre que le hizo sufrir tanto, que le hizo creer que la quería mientras se estaba enamorando de otra, que fue un cobarde, que era capaz de reír y de ser feliz mientras su madre se consumía en silencio día a día.
Pero también era su padre, y le quería...y tenía ganas de verlo y cada vez que su padre le abrazaba él tenía la sensación de que nada malo iba a pasarle...de que estaría protegido para siempre. Necesitaba los abrazos de su padre más de lo que a él le gustaba admitir...y sí, tenía ganas de verlo.

Si se le hacía cuesta arriba este viaje es porque su madre no iría…no podía, era imposible sólo hacía dos meses desde que sus padres se separaron y ella ya tenía bastante con asumir que el hombre de su vida la dejó para irse a vivir con otra mujer a la que abrazaba y hacía el amor mientras ella lloraba su ausencia.
Por eso y porque no quería estar con Teresa...la odiaba. Ante los ojos de un niño de 12 años, ella aparecía como la culpable de todo. Por ella su madre perdió el brillo de sus ojos…por ella sus padres ya no bailaban al son de la luna llena…por ella su padre dejó de venir muchas noches…por ella él ya no tenía su familia…esa familia que le cobijaba y le dotaba de completa seguridad…y todo por ella, por la otra.

- Vale...pero no pienso darle ningún beso a Teresa…y no quiero que ella me bese tampoco.
- Cariño…
- Mamá, en serio, no pienso besarla.
- Al menos no seas desagradable…respétala y ella te respetará.
- Lo haré, pero sin besos.
- Habla con tu padre…no lo pongas entre la espada y la pared.

- Mamá…tú aún le quieres?
- Cariño...eso ya no importa…ya todo se acabó…papá tiene una nueva vida
- Mamá te quiero…yo seré tu hombre
- Mi vida...siempre has sido mi hombre.
- Te echaré de menos
- Cielito...sólo será una semana…y te llamaré cada noche al móvil.

Madre e hijo llegan al Punto de Control donde una azafata se hará cargo del niño durante todo el viaje y hasta que su padre lo venga a buscar en el lugar de destino.

- Cuando llegues me haces una perdida al móvil y te llamo, vale?
- Te quiero, mamá
- Te quiero cariño, relájate y pásalo muy bien.

Un gran abrazo, muchos besos...una separación que no desean ninguno de los dos…el niño llora abiertamente…la madre contiene sus lágrimas…es muy duro. Hace dos meses se separó del mayor amor de su vida para entregárselo a otra…y ahora sentía que también le estaba entregando su mayor tesoro. Realmente aquella mujer le había despojado de todo lo que verdaderamente le había importado en la vida.

Las puertas del tren se cierran y ellas libera las lágrimas que ha estado conteniendo con tanto esfuerzo. Cree morirse cuando el tren empieza a moverse…se lleva a su niño…a su vida.