Impaciente tenía frío. Hacía horas que una lluvia, impetuosa y enérgica en algunas ocasiones, suave y reposada en otras, era su única compañía. Compañía que tenía la virtud de calarle hasta los huesos. Esta noche cerrada estaba siendo más inhóspita de lo habitual e Impaciente hubiese reconocido abiertamente y sin tapujos que estaba muerto de miedo…si hubiese tenido alguien ante quien reconocerlo, claro está.

Nubes oscuras y juguetonas se empeñaban en ocultar a una preciosa luna. Hubo un momento en que la luna ganó el juego y logró salir del escondite proporcionado por las nubes. En ese instante Impaciente quedó prendado de la belleza de la luna y decidió que aquella noche Luna sería su compañía.

- Hola Luna…me han hablado muy bien de ti. Dicen que tienes poderes mágicos.
- La gente habla muchas cosas…la mayoría de ellas sin sentido,
- Ah…así que no.Lástima- Exclamó desanimado Impaciente.
- Tal vez si…o tal vez no. Eso tendrás que descubrirlo tú- Le replicó dulcemente la luna.
- Tengo frío Luna… ¿puedes hacer algo por mi?
- Creo que si…espera.
E impaciente esperó y esperó…y seguía teniendo frío.Y claro está, se impacientó y volvió a llamar a la luna:
- Luna, estoy calado hasta los huesos…necesito un refugio donde cobijarme.
- Creo que tengo la solución…espera.
E impaciente se dispuso a esperar de nuevo. Pero no pasó demasiado tiempo hasta que la intranquilidad volvió a apoderarse de Impaciente. Una vez más solicitó la presencia de la luna:
- Luna estoy muerto de miedo.
- Te he dicho que te ayudaré...pero debes tener paciencia. Te has dado cuenta que en este corto espacio de tiempo ya me has hecho 3 peticiones?
- Si. Y también me he dado cuenta de que no has satisfecho ninguna de ellas – Replicó, malhumorado, Impaciente.
- No seas descarado!!!- Le recriminó Luna.
- Perdona…ya sabes…soy impaciente – Se excusó, avergonzado, Impaciente.
- Debes tener paciencia…confía en mí.

De nuevo Impaciente suspiró honda y profundamente haciendo acopio de toda la paciencia de que era capaz de retener a su lado. Esperó y esperó…y cuando ya casi había perdido toda esperanza un rayo de Sol luminoso acarició su rostro, tenue al principio pero cada vez más y más calido.

Era Thesan, dios del amanecer, que entraba en escena y lo llenaba todo con su presencia.

Una sonrisa abierta y sincera se asomó al rostro de Impaciente….había dejado de tener frío, ya no le molestaba el chirimiri que todavía caía…y por supuesto…había dejado de tener miedo.

Buscó a Luna y la encontró cuando ésta empezaba a retirarse a sus aposentos.
- Gracias Luna…de verdad que sí tienes poderes mágicos.
- No creas, no. Si tú no hubieses tenido frío, si no hubieses sufrido la lluvia, sino te hubieses muerto de miedo….ahora no sabrías valorar el Sol que se alza delante de ti. El mérito es tanto tuyo como mío.
- Sea como sea…Gracias Luna

Y Luna se retiró a descansar haciendo un guiño a Impaciente que se cobijaba en brazos de ese cálido Sol que ya resplandecía en todo su esplendor.