Y el Sol cobijó a Impaciente y le dio el calor que necesitaba para desentumecer sus maltrechos huesos, e inundó su vida de luz y de color. E Impaciente se sintió feliz, no pensaba en el mañana, no se planteaba nada,…si bien era cierto que, y por primera vez durante mucho tiempo, tampoco pensaba en el pasado. Era feliz y sólo esperaba el momento en que ese Sol maravilloso apareciese por el horizonte.

Sucedió sin embargo, que un día el Sol no apareció. Impaciente se sintió impactado, perdido y dolido, terriblemente dolido, por la pérdida tan repentina de esa ilusión diaria.

Y una vez más acudió a la Luna. Entre llantos, sollozos y un terrible desconsuelo le explicó lo sucedido a su amiga.

Luna, con todo el cariño que fue capaz de expresar, recriminó a Impaciente su desolación:

- No entiendo por qué estás así…¿no dices que fue mágico?

- Por supuesto que fue mágico! – Replicó Impaciente, algo molesto con Luna al ver que ésta no parecía entenderle – Si estoy así, es porque se acabó.

- Bueno…no es necesario que yo te diga que todo lo que empieza tiene un final, ¿verdad?

- Si, pero es que no entiendo ni cómo ni por qué se fue

- No hay nada que entender. Sucedió y ya está…sus razones tendría.

- Pero Luna…es que le llamé, le imploré…pasaron cosas muy graves y yo necesité su calor…y no apareció.

- Te repito de nuevo Impaciente, sus razones tendría… ¿no crees?

E Impaciente comprendió que Luna tenía razón. Aunque le doliese…sabía que tenía razón! Y bajó la cabeza avergonzado de su enfado anterior.

Luna quiso consolarle y le ayudó a reflexionar:

- A ver…mientras los rayos del Sol te inundaban, ¿qué sentías?

- Que era mágico, que era auténtico, que compartíamos momentos especiales, llenos de ilusión y complicidad.

- Pero entonces… ¡deberías estar tan contento por haber vivido esos momentos!

- Si Luna, ahora sé que tienes razón, que debo cambiar mi tristeza por alegría…porque sucedió y yo lo viví…y eso ¡será mío para siempre!

- Mira Impaciente, sabes que te tengo mucho aprecio y creo que debo decirte algo.

- Dime Luna, te escucho atentamente

- Tienes una capacidad innata de ilusionarte con pequeños detalles que a menudo a mucha gente le pasan desapercibidos: una rosa, una sonrisa, un correo, un comentario, un rayito de Sol….

- Si…y ¡así me va! – Se lamentó una vez más Impaciente

- Noooooo, no es eso- Se apresuró a corregir la Luna - Lo que quiero decirte es que conserves esa capacidad de ilusionarte, pero que en lugar de buscar cosas externas, debes buscar tus ilusiones en tu interior. Todo lo que sea externo a ti no lo podrás controlar…y, por lo tanto, tarde o temprano llegará la desilusión.

- Si…eso me suena mucho.

- Por eso. Busca en tu interior. Ilusiónate porque has sido capaz de superar un reto, porque has aprendido algo nuevo, porque has vivido una nueva experiencia. Eso es estable y lo controlas tú. No hay desilusión en nada de ello.

- ¿Quieres decir que ahora debería ilusionarme porque estuve vivo?, ¿porque sentí la ilusión correr por mis venas?, ¿Por qué dejé de tener miedo?

- Es un buen comienzo, si.

- Gracias Luna…una vez más te estoy eternamente agradecido. Una vez más compruebo que tienes poderes. Esta noche has sido el bálsamo protector que tanto necesitaba.

- No tienes por que dármelas…yo hablo, pero eres tú quien piensas y reflexionas.

- De todos modos, GRACIAS LUNA.

Y mientras la Luna desaparecía por el horizonte, Impaciente recogió su ilusión, la magia, los guiños y las complicidades y las introdujo, con todo el cariño del mundo, en su cajita de los imposibles…aquella que guardaba siempre cerca, muy cerca, de su corazón. A su lado depositó una rosa, símbolo de la amistad y del agradecimiento que sentía por ese Sol que tan buenos momentos le había proporcionado.

Y con la rosa en una mano y su cajita de los imposibles en el corazón, se quedó dormido con una tranquilidad y paz de espíritu que no sentía desde la desaparición del Sol.

Y la noche se convirtió en más inhóspita que de costumbre, y la lluvia arreció más que nunca, y uno y mil ruidos desconocidos trataron de amedrentar a Impaciente.

Y, sin embargo, éste no sintió ni frío ni miedo…había aprendido a valorar los momentos vividos, a no apenarse porque se acabó sino a alegrarse porque sucedió.

PD: Hoy es 23 de Abril, Díada de Sant Jordi, festividad emblemática en Catalunya, donde la belleza (representada por una rosa) y la cultura (representada por un libro) van de la mano y son moneda de intercambio durante todo el día.

Hoy he querido ofrecer este relato como agradecimiento a ese Sol que me llenó de ilusión. Que me hizo sentir viva una vez más, con el que compartí confidencias, risas, guiños, complicidades y, sobretodo y muy especialmente, magia…muchísima magia. GRACIAS. Realmente fue autentico y maravilloso.

Me quedo con un recuerdo muy bello y hermoso, con la recuperación de un blog que borré en un momento muy amargo…y con unas ganas recuperadas de volver a escribir…al menos de tanto en tanto.

Una vez más GRACIAS. La cuenta de resultados ha sido muy positiva…se mire por donde se mire.